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Recuperar el futuro, conquistar la educación

8 de Marzo de 2024

No importa si eres docente, padre o madre, alumno o alumna. Todas las personas conocemos o hemos conocido de primera mano la educación pública en algún momento de nuestra vida. Todas sabemos que algo no funciona. A simple vista pueden detectarse varios problemas: demasiado alumnado por clase, falta de recursos, incapacidad del profesorado para atender todas las necesidades existentes, metodologías ineficaces, problemas de convivencia, etc. Pero el problema, como casi siempre, es más complejo.

La autoconversión forzosa del estado franquista en estado democrático conllevaba, entre otros, el reto de la creación de un sistema educativo estatal que sustituyese al anterior y que a su vez respondiese al desarrollo de la estructura de clases y su reproducción social. A ello, han contribuido todas las leyes de educación, siendo falsa la aparente disputa entre las mismas. La LOGSE, publicada en 1990, fue un intento de la socialdemocracia de renovación total del sistema que comienza en órdago y acaba en catástrofe. Desde entonces, el sistema educativo ha ido oscilando y encajando las diversas crisis económicas y sociales con diferentes leyes siempre en un sentido: responder a las necesidades de la clase dominante. Desde esta perspectiva, podríamos decir no solo que el sistema educativo actual funciona, sino que ha cumplido a la perfección con sus objetivos.

La educación pública no está en mal estado por una gestión torpe de los dirigentes, sino porque existe la voluntad de que sea de esta manera. Desde sus inicios, se ha dado un progresivo empobrecimiento de la garantía de este derecho, en el que poco o nada importa la calidad de la educación y en el que los centros educativos juegan dos funciones principales: guardar a los niños y niñas mientras los padres trabajan y perpetuar la ideología y funcionamiento del sistema capitalista. La educación pública sirve para disciplinar a los jóvenes alumnos desde que entran al sistema educativo hasta que salen a ser el perfecto proletario, un trabajador que además se crea y defienda los discursos aspiracionales. 

Un ejemplo claro es la desatención que reciben los alumnos de nueva incorporación provenientes de otros países con otros idiomas, para los que no existe un protocolo claro de bienvenida y adquisición de la lengua. Según datos del propio Ministerio de Educación, los alumnos extranjeros se escolarizan un 20% más que los españoles en centros públicos, y suponen un 11% del alumnado total. Como consecuencia de la falta de recursos, este porcentaje disminuye a un 6,7% en bachillerato. Esta cuestión responde a otro punto clave en el desarrollo de la lucha de clases actual: la llegada progresiva de personas migrantes y su inserción en la sociedad como trabajadores poco cualificados y en muchos casos aumentando el desempleo estructural. 

Esta cuestión no sería posible, o al menos no de forma tan evidente, si los hijos de los estratos medios y las clases acomodadas no tuvieran una alternativa. Por un lado, encontramos dentro de la escuela pública la implementación de programas bilingües con clara intención segregadora. Por otro lado, está uno de los elementos clave para comprender el funcionamiento del sistema educativo: la existencia de la educación concertada, que supone un 30% de la educación en España. La existencia de los conciertos educativos surge tras un pacto entre el PSOE con la Iglesia Católica, que llevaba ya más de una década acaparando subvenciones masivas, y de esta manera regulaba su condición. Ante la falta de recursos en la pública, vemos como progresivamente cada vez más personas optan por la concertada, produciéndose un paulatino proceso de privatización de la educación. En el punto de mira está ahora la FP, el gran negocio actual privado, y el bachillerato, que ya se ha comenzado a concertar en territorios como Madrid.

En el mismo sentido, la universidad ha limitado su papel como ascensor social: con la ampliación del acceso a la Universidad debido a la necesidad de trabajadores cualificados, se ha producido un proceso de elitización a través de estudios de máster y la potenciación de las universidades privadas. Por otro lado, se promueve el desarrollo de la FP y la FP dual, mero reproductor de clase trabajadora para las grandes empresas o para el ejército de reserva de trabajadores desempleados.

En definitiva, bajo un sistema capitalista es imposible una educación que responda a los intereses de la clase trabajadora, que fomente el saber por el saber, el aprendizaje crítico y la apertura de la cultura al conjunto de la clase obrera. 

Ante esta situación, no podemos quedarnos paralizados. Debemos organizarnos para denunciar el funcionamiento del sistema educativo y reivindicar cambios que caminen hacia la construcción de una educación al servicio de la clase trabajadora. 

Esa organización pasa por la denuncia de los recortes y la lucha por una educación que realmente llegue a toda la sociedad. Defendemos la gratuidad de todas las etapas educativas, también la de 0 a 3 años, y también la gratuidad de todo el material escolar y recursos necesarios para el estudio, incluyendo aquí refuerzos educativos y actividades extraescolares. Denunciamos también el excesivo peso que las editoriales privadas tienen en el diseño de los materiales escolares y apostamos por un banco de recursos público y gratuito para toda la comunidad educativa.  

Para garantizar una educación que atienda realmente las necesidades existentes, es necesario ampliar los recursos, bajar las ratios y estabilizar plantillas, pero también ir más allá y acabar con todos los elementos que son utilizados para segregar. Los programas de bilingüismo con finalidad segregadora deben desaparecer, así como la escuela concertada y privada. No pueden seguir existiendo mecanismos por los que haya una educación de primera y otra de segunda en función de la clase social a la que pertenezca el alumnado. 

También se hace necesario reivindicar más horas de trabajo docente para la organización y la coordinación y, especialmente, más horas y más estabilización para los departamentos de orientación. Para que los centros reciban los recursos que necesitan, es necesario que haya orientadores y orientadoras con el tiempo necesario para realizar sus diagnósticos y establecer correctamente las necesidades existentes. Además, debemos evitar que el alumnado se vea obligado a explicar una y otra su situación de vulnerabilidad o su problemática a diferentes personas a lo largo de los años.

Además, para hacer todo ello posible, debemos recuperar los órganos de gestión de los centros para la comunidad educativa. La democratización de los consejos escolares y los claustros es esencial para que exista una respuesta crítica, un debate y una organización real de docentes, familias y alumnado. Al mismo tiempo, se hace necesario que se establezcan alianzas entre los y las docentes para afrontar debates de renovación pedagógica.

En definitiva, con los pies en la tierra hablamos de recuperar el futuro, de recuperar un horizonte de lucha por una educación realmente pública. Apostamos por recoger el guante de las luchas pasadas y por seguir profundizándolas, por posicionarnos radicalmente en contra del proceso de exclusión que se da hoy en las aulas y por defender la construcción de una educación que no esté al servicio de los intereses de la clase dominante.

Marx decía que "necesitamos otra educación para otra sociedad y otra sociedad para otra educación", y en esa encrucijada nos encontramos aún a día de hoy. No dejemos que la contradicción nos paralice y organicemos espacios para el encuentro, el debate y la movilización. Conquistemos la educación del futuro socialista.

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