ACTÚA!
Aviso de cookies

Estoy de acuerdo Utilizamos cookies propias y de terceros para realizar análisis de uso y de medición de nuestra web para mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí: Política de Cookies

NO SEREMOS SIERVAS. Feministas en pie contra el imperialismo y el fascismo

27 de Febrero de 2026

De cara al próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, las comunistas aragonesas denunciamos las múltiples violencias que el sistema capitalista y heteropatriarcal ejerce sobre las mujeres de nuestra clase.

Vivimos un auge reaccionario a nivel mundial. El fascismo gana adeptos y la ultraderecha gobierna en más países, impulsando un retroceso de nuestros derechos y un cuestionamiento sistemático de nuestra libertad y dignidad. No es una distopía ni la locura de individuos aislados: es la verdadera cara del capitalismo, un sistema que, para garantizar la tasa de ganancia de los grandes oligarcas, no duda en abrazar el fascismo y, en su fase imperialista, en destruir países enteros y a quienes los habitan.

Como internacionalistas, denunciamos la escalada de la carrera militar global y nos oponemos firmemente al rearme en Occidente, una estrategia de Estados Unidos para sostener su hegemonía mundial. El gasto militar alcanzó la cifra obscena de 2,7 billones de dólares en 2024. Estados Unidos lidera esta barbarie con 997.000 millones, seguido de los países de la OTAN en Europa que aumentaron su gasto un 17% hasta los 693.000 millones.

España ya destina el 2% de su PIB a defensa, unos 40.000 millones de euros en 2025, el doble que hace una década. Mientras, los servicios públicos se desmantelan en Aragón, vemos cómo se impulsa el HUB militar, invirtiendo más de 1500 millones de euros de dinero público en reconvertir industria civil en militar y en financiar proyectos aeronáuticos vinculados al Ministerio de Defensa.

Las guerras imperialistas y las invasiones colonialistas, como la que ejecuta el Estado ilegítimo y sionista de Israel contra el pueblo palestino, golpean con especial violencia a las mujeres. Según ONU Mujeres, 676 millones de mujeres y niñas vivían expuestas a conflictos armados en 2024, la cifra más alta desde los años 90. En Gaza, siete de cada diez mujeres asesinadas en conflictos armados en el último año perdieron la vida en este territorio. La Comisión Internacional de Investigación de la ONU ha concluido que Israel ha utilizado sistemáticamente la violencia sexual, reproductiva y de género contra las mujeres palestinas como método de guerra. Miles han muerto, cientos de miles viven en condiciones infrahumanas, muchas de ellas embarazadas y con graves problemas de desnutrición. Todo ello bajo una impunidad absoluta.

Desde las redes sociales, los medios de comunicación, la cada vez mayor presencia en las instituciones, como por ejemplo las últimas elecciones autonómicas en nuestro territorio con un aumento alarmante de los votos a VOX y a SALF, la ultraderecha y el fascismo no paran de crecer. Lanzan discursos que niegan el feminismo y legitiman la misoginia y el machismo, que calan entre la sociedad y que marcan la agenda del PP traduciéndose todo ese odio en retrocesos legislativos, recorte de recursos o directamente violencias machistas. Las trabajadoras del 016 lo saben bien: cada dos o tres días reciben llamadas amenazantes como "os vamos a matar" u "ojalá que te violen". Han normalizado las amenazas para poder seguir haciendo su trabajo, pero ahora el nuevo contrato del servicio, que empieza el 5 de marzo de 2026, hará pública la ubicación del edificio donde atienden. Su seguridad queda en entredicho mientras la empresa adjudicataria y el Ministerio de Igualdad miran hacia otro lado.

Cuando desde las instituciones se legitiman estos discursos, a través de VOX y el seguidismo del PP, se allana el camino para la infradotación de los servicios públicos y los retrocesos legislativos. El caso del CAIVI de Zaragoza es paradigmático: un centro que debería funcionar 24 horas los 365 días del año abre solo de 9:00 a 19:00 de lunes a viernes, exige cita previa y deriva a las mujeres a un teléfono fuera de ese horario. Desde su apertura en diciembre de 2024 ha atendido a 164 mujeres, pero muchas más se quedan sin ayuda cuando más urgente es. Y el Ayuntamiento ha sustituido los puntos violeta por "espacios seguros unisex", una decisión política que invisibiliza la violencia machista específica contra las mujeres.

Queremos hablar también de nuestros derechos sexuales y reproductivos, porque en Aragón su ejercicio real está lejos de estar garantizado. La reforma de la ley del aborto de 2023, que prometía acabar con las barreras de acceso, se ha revelado insuficiente: los registros de objeción de conciencia son inexistentes o inoperantes, y la derivación a clínicas privadas sigue siendo la norma. En 2023, de 1.500 interrupciones voluntarias del embarazo en Aragón, solo 89 (un 5,9%) se realizaron en hospitales públicos. El 94,1% restante fue externalizado a clínicas privadas, obligando a las mujeres de Huesca y Teruel a desplazarse a Zaragoza. El aborto sigue siendo un proceso lleno de barreras y violencias institucionales que castiga, sobre todo, a las mujeres más vulnerables.

Esta misma hipocresía la sufrimos quienes decidimos ser madres. Mientras el Gobierno español y la Unión Europea declaman su preocupación por la natalidad, las madres trabajadoras nos ahogamos en la precariedad, con una brecha salarial en Aragón de un 23,67% y una media del alquiler de 735,58 euros. La prestación por hijo a cargo apenas alcanza los 49 euros al mes —frente a los 480-590 euros que cuesta criar un hijo— y las madres seguimos asumiendo la mayor parte de las excedencias y reducciones de jornada, condenándonos a peores sueldos hoy, y a pensiones de miseria mañana. 

Los datos son demoledores: el 78% de las madres españolas se sienten sobrecargadas, diez puntos por encima de la media europea, y más del 40% sufre ansiedad o depresión. Para las madres que crían solas, la tasa de pobreza alcanza el 45,8%. Son hogares sostenidos por mujeres que se enfrentan a alquileres imposibles y a un Estado capitalista que exige conciliar sin darnos escuelas infantiles públicas suficientes ni horarios compatibles con la vida.

No podemos entender la ofensiva que sufrimos sin mirar el contexto en que se produce. Los avances en derechos que hemos conquistado en la última década se dieron dentro de un marco reformista en España y en la Unión Europea. El feminismo fue, durante un tiempo, política seña del rearme del estado del bienestar europeo, un rearme pintado de violeta y verde. Pero ese ciclo se está cerrando. La sociedad occidental está en transición: dejamos atrás un marco socialdemócrata para entrar en uno bélico y restrictivo. La Unión Europea ya no habla de políticas sociales, ni del fondo social europeo, ni de transición ecológica o derechos. Ahora impone un discurso de rearme, guerra y fronteras. Y en ese giro, las mujeres somos las primeras señaladas.

Porque lo que está en juego es también la organización social de los cuidados. La falta de plazas en residencias públicas y hospitales, el envejecimiento demográfico, la precariedad de los servicios públicos: todo esto no se resuelve con soluciones colectivas, sino con mano de obra barata, mal pagada, feminizada y racializada. El sistema prepara el terreno para naturalizar el rearme de la familia tradicional como única respuesta a la crisis de cuidados. Y con ella vuelven los valores conservadores, la religión, el rechazo al pensamiento científico, la militarización de la vida cotidiana.

Frente a eso, la lucha feminista propone una salida radicalmente distinta: la vida digna, el cuidado colectivo, un modelo basado en la comunidad y no en el beneficio. Una visión que es indivisible de un horizonte socialista, porque cuestiona los privilegios, las jerarquías y la propiedad privada como organizadores de la vida. La reacción neomachista, en cambio, plantea exclusión y autoritarismo, disfrazados de promesa de orden natural.

Por eso la lucha feminista sigue siendo un espacio de encuentro clave para enfrentar el giro reaccionario. Porque nosotras no venimos a pedir migajas en un sistema que se desmorona: venimos a construir otra forma de vivir.

Nosotras sabemos que sin una sociedad socialista, sin la abolición del género, si seguimos perdiendo la lucha de clases, las mujeres trabajadoras estamos abocadas a la explotación. El capitalismo es un sistema contra la vida, y no se reforma: se derroca.

Por eso no basta con resistir: hay que organizarse para cambiarlo todo. La emancipación de las mujeres trabajadoras pasa por la organización de las mismas y de ganar la lucha de clases. 

¡Feministas en pie contra el imperialismo y el fascismo!

Categorías: Área de Feminismo Comunicados de prensa

Comparte: