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¡No seremos siervos!

1 de Marzo de 2026

Nos quieren de rodillas, derrotados, tristes, disueltos, vencidos. Y nos sentimos así, no vamos a engañarnos, cada día, cada segundo, un poco más. No es un problema individual, sino la consecuencia directa de una realidad apabullante.

Miramos más allá de nuestras limitadas fronteras, y encontramos al imperialismo estadounidense en una fase bélica total, al verse disputada su condición de hegemón mundial. Esta fase tiene de nuevo la utilización del estado imperial como elemento de control represivo, militarizado en lo exterior. Bombardea Irán, invade Venezuela secuestrando a su presidente, asfixia a Cuba económicamente buscando su muerte, se alía con Israel para continuar perpetrando el genocidio en Palestina y publicitar su deshonroso proyecto de resort vacacional, pone los ojos en Groenlandia y proclama sin disimulo que son los amos del planeta. Mientras tanto, dentro de sus fronteras, vemos un EEUU paramilitarizado, con su oficina de control de aduanas convertida en policía militar racista ejerciendo deportaciones masivas y violencia directa contra sus habitantes. 

Simultáneamente, mediante la OTAN, obliga a los estados europeos a incrementar el gasto militar. En España, Pedro Sánchez y el gobierno de coalición interpretan una falsa desobediencia ante las cámaras mientras obedecen tras ellas. Alcanzan un gasto récord del 2% del PIB al terminar 2025 y, mientras los españoles andábamos distraídos con los preparativos de  la cena de Nochebuena, aprobaban en el último Consejo de Ministros del año un gasto de más de 2.000 millones de euros en gasto militar. En Aragón sufrimos directamente este proceso de militarización con la puesta en marcha del Hub militar, un grupo de empresas unido para hacer negocio con la industria de la guerra y que busca promover la reconversión de empresas a usos militares, todo ello subvencionado con dinero público. Nuestra eterna posición de sumisión y reverencia no tiene atisbos de cambiar.

A la interna, el Gobierno autodenominado más progresista de la historia presume de datos macroeconómicos, mientras la realidad es que son las ganancias de los grandes capitalistas las que no paran de crecer. Se suceden las noticias que anuncian los beneficios históricos de empresas como Iberdrola, el Banco Santander o Inditex. La crisis de vivienda que atraviesa al país, especialmente a varias generaciones de la juventud, es un drama social de primer orden. Todas estas y estos jóvenes nunca podrán acceder a una vivienda en propiedad si no es, en el mejor de los casos, bajo una esclavitud financiarizada a 50 años. Los desahucios se cuentan por miles en el país, por decenas en nuestra región, tras ser prometido y anunciado el fin de ellos como promesa electoral. Los servicios públicos se ahogan por falta de recursos e inversión mientras se invierten morteradas en sanidad y educación privadas.

Ante esta situación de derrota, miedo e inseguridad, la extrema derecha entona cantos de sirena y agita el odio, alentando los valores más rancios y los sentimientos más míseros, poniendo en el punto de mira a los sectores más vulnerables de la clase obrera: migrantes, mujeres y personas LGTBI; alineándose con la patronal y atacando los derechos de los trabajadores y marcando los debates públicos en alianza con las grandes corporaciones tecnológicas. Organizándose también más allá de lo digital y comenzando a ejercer su violencia fascista en las calles.

Nos quieren de rodillas, derrotados. Pero, ante el estado lamentable en el que nos encontramos, hay algo que se resiste a ser un esclavo, algo que se llama dignidad, dignidad de clase y orgullo. Por ello llamamos a la organización, al compromiso, al encuentro con los otros y otras en los centros de trabajo, en los sindicatos de clase, en las asociaciones de vecinos, los movimientos de lucha por la vivienda, los movimientos feminista, antifascista y antirracista y las luchas en defensa de la sanidad y la educación. 

Porque decimos no a la derrota y la desidia, porque confiamos en la organización y en la lucha, porque no renunciamos al mundo que tenemos por ganar. 

¡No seremos sus siervos!

 

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